Peter Katsis acaba de morir. A los 69 años, el manager que pasó casi cinco décadas armando y desarmando carreras en la industria musical dejó el planeta el jueves pasado por insuficiencia cardíaca. No es un nombre que suene en la radio del barrio, pero su huella está en discos que escuchamos en repetición y artistas que marcaron épocas.
Desde Chicago al epicentro del rock alternativo
Katsis comenzó en los ochenta en su Chicago natal, cuando la ciudad hervía de experimentación industrial y post-punk. Ahí conoció a Ministry, la banda que lo lanzó a la vorágine del negocio. Pero el tipo tenía hambre, visión, y —esto es lo raro— no miedo a trabajar con géneros tan opuestos como el hielo y el fuego. Se mudó a Los Ángeles en los noventa y ahí desplegó su red como pocos lo hicieron: The Cramps, Jane's Addiction, Korn, Limp Bizkit. La mayoría de los que vinieron a sacudir el rock alternativo pasaron por sus manos.
Lo suyo fue el cálculo sin prejuicios. Mientras manejaba a los Smashing Pumpkins —el proyecto más ambicioso del rock alternativo de los noventa— simultáneamente llevaba a Backstreet Boys cuando estaban en su apogeo de pop masivo. Eso que para muchos managers sería un conflicto de identidades, para él era simplemente música. Después llegaron Snoop Dogg, One Direction, 311, Morrissey, Audioslave. La lista es casi ridículamente larga.
En 2008 cofundó Prospect Park, una firma que consolidó su influencia en una segunda etapa. Para entonces ya era un nombre de veto en cualquier negociación grande de la industria. Billy Corgan de Smashing Pumpkins, a través de redes, lo definió como alguien «con una franqueza brutal y un amor por la buena música que era contagioso». No es poco viniendo del frontman de la banda que redefinió el rock. Ministry también se despidió públicamente, con el respeto que el tipo se había ganado.
La verdad es que Katsis pertenecía a esa raza de managers que ya casi no existen: los que realmente amaban la música y los artistas, sin reducir todo a un algoritmo o una métrica de TikTok. Trabajó con punks, rockers, poperos, raperos. No le importaba el género si la música valía la pena. Eso, en 2026, es casi un acto revolucionario.



