Vaya numerito que armó Matías Ávila, el cantante de los chilenos Candelabro. Parece que al muchacho le salió el tiro por la culata cuando una vieja entrevista suya empezó a circular por internet, y no precisamente por su música. La gente, que no perdona una, saltó a señalar lo obvio: Ávila hablaba igualito a Jorge González, el ídolo de Los Prisioneros. Y claro, el efecto dominó fue inevitable.
Cuando el referente se convierte en sombra
La cosa se puso picante cuando el expresidente Gabriel Boric compartió el clip, pero la discusión en redes no fue política, sino de mimetismo vocal. "Mucho esfuerzo en hacer el cosplay de Jorge González", decían algunos, y para qué mentir, la similitud era para levantar una ceja. Ahora, en una nueva entrevista, Ávila se despachó con su versión de los hechos, y la verdad, no convence del todo.
El tipo reconoció sin tapujos que González es su «referente» y que lo admira «toda la vida». Incluso se justificó diciendo: «Nadie le dice nada a los traperos cuando hablan como dominicanos». ¿En serio, Matías? ¿Comparar una cuestión de acento, que es cultural, con imitar hasta el tono de voz de un prócer del rock? Es como comparar un buen asado con un plato de lentejas: ambos alimentan, pero la experiencia es otra.
No ayuda que Candelabro haya sacado dos covers de Los Prisioneros como su último material. Es como si el homenaje se estuviera volviendo una fijación. Y si a eso le sumamos la confesión de que, sí, había unas copas de más durante la entrevista viral, la cosa se pinta sola. «Ya era tarde, estábamos cansados. Yo había tomado ya unas copas y ya, bueno, se me salió el tono», soltó, como si la bebida liberara el espíritu de González en su garganta.
¿Originalidad o copia barata?
A ver, Filomena Dark aquí presente tiene que decirlo sin anestesia: una cosa es admirar a un artista, que todos tenemos nuestros ídolos, y otra muy distinta es querer calcar hasta su forma de hablar. ¿Dónde queda la propia voz? ¿La identidad que, se supone, un músico debe forjar? Este tipo de cosas me hacen pensar que estamos en una era donde la originalidad está en extinción, y el copiar y pegar es la moneda corriente. Es fácil esconderse detrás del «referente» cuando no se tiene algo propio que decir. Y lo peor es que la gente lo compra. Un buen referente te inspira a ser mejor, no a ser su sombra. Y si te sale el “tono” por unas copas, quizás es hora de replantearse qué tan genuina es la propuesta.



