Jennifer Finch, la bajista que ayudó a construir uno de los pilares del rock alternativo de los '90, acaba de recibir el diagnóstico más duro posible: cáncer cerebral agresivo. La noticia llegó hace apenas un día, apenas dos meses después de que L7 anunciara su gira de despedida.
Lo que se suponía iba a ser un cierre de ciclo en octubre —cuando el tour comience en San Diego— ahora es algo muy distinto. Finch no estará en esos escenarios. Pero según su propia voluntad, quiere que sus hermanas de banda toquen igual, que la música siga.
Cuando la vida te pone contra las cuerdas
El cáncer vino con sorpresas terribles. Los primeros tratamientos y radiación parecían viables, pero el tumor "progresó rápidamente", obligándola a someterse a múltiples cirugías que la dejaron con limitaciones físicas significativas. Hoy necesita cuidados las 24 horas, algo que su círculo cercano ya no puede sostener solo.
L7 lanzó una campaña de GoFundMe para juntar dinero para sus tratamientos, terapias físicas, enfermería domiciliaria y costos médicos. La comunidad que la vio crecer como artista ahora tiene que devolverle el abrazo. Michael Stipe, de R.E.M., ya se sumó al llamado: "Punk rock y la música alternativa no serían lo que son sin Jennifer Finch".
Donita Sparks, la voz de la banda, lo dijo claro: "Estamos devastadas. Jennifer es familia".
De dónde viene
L7 es uno de esos nombres que se te graban a fuego si viviste los '90 con los oídos abiertos. Formadas en 1985, sacaron su primer disco en 1987 y se convirtieron en el soundtrack de una generación que no tenía miedo de gritar. Finch fue la brújula rítmica de ese sonido crudo, directo, sin filtros.
La banda se disolvió en 2001, pero volvió en 2015 con la formación clásica intacta. Desde entonces sacaron música nueva —temas anti-Trump, documentales premiados, el último disco "Scatter the Rats" en 2019— demostrando que el fuego seguía ardiendo. Esta gira de despedida iba a ser su último movimiento juntas.
Lo que pasa ahora es la vida real chocando contra los planes. Y lo importante es que Finch no está sola. Que la banda quiere seguir tocando por ella. Que la comunidad tiene que ponerse de pie, como siempre lo hace el rock cuando alguien del clan la necesita.



