Backrooms: Un Não-Lugar regresa a los cines brasileiros este jueves 23 de julio con una edición expandida que suma 15 minutos de material inédito. Por ahora, no hay confirmación de fecha de estreno en Paraguay, aunque es probable que llegue a las salas locales en las próximas semanas siguiendo el circuito regional.
El film de Kane Parsons se ha convertido en uno de los mayores éxitos de A24, con una recaudación que supera los 300 millones de dólares. La trama sigue siendo la misma en esencia: Clark, un vendedor de muebles interpretado por Chiwetel Ejiofor, descubre en 1990 un portal oculto en su propia tienda que lo arrastra a un mundo de pasillos y espacios vacíos que desafían la lógica. Su terapeuta, la Dra. Mary Kline (Renate Reinsve), lo persigue en ese abismo imposible para salvarlo, pero el viaje la obliga a enfrentar sus propios fantasmas. Es cine de horror existencial disfrazado de ciencia ficción.
¿Por qué importa para nosotros?
Backrooms es síntoma de algo que está pasando en Hollywood: la industria mira las mitologías de internet como materia prima. Lo que comenzó como una serie viral de cortometrajes en plataformas digitales —esa sensación de despertar en un lugar vacío, sin saber cómo llegaste— se convirtió en un universo visual que fascina. Parsons lo tradujo al cine sin traicionar la premisa: un terror silencioso, sin monstruos obvios, solo la angustia de lo conocido que se vuelve extraño.
En Paraguay, aunque el fenómeno Backrooms no tiene una comunidad tan visible como en otros países, la película importa porque marca un cambio en cómo se consume terror y ciencia ficción. Es cine que genera debate entre cinéfilos locales y en redes, y evidencia que las nuevas mitologías del miedo ya no nacen en libros o en la televisión, sino en threads anónimos y videos de YouTube.
La estrategia del re-lanzamiento
Lo interesante es cómo funciona el regreso. Kane Parsons confirmó que los 15 minutos nuevos se liberarán gratis en YouTube después del estreno en cines. No es una estrategia de exclusividad asfixiante, sino algo más raro: una película que se transforma en contenido serializado. Es casi una vuelta a las raíces del Backrooms original, que vivía fragmentado en internet, pero ahora con presupuesto de estudio.
Backrooms funciona porque no pretende ser más de lo que es: una instalación audiovisual del miedo contemporáneo. El que Parsons suelte el material en YouTube después es lo mejor de esta estrategia: reconoce que Backrooms pertenece a internet, no a los cines. Los cines son solo el espejo más grande.



