Hay algo tan perfectamente surrealista en esta historia que casi parece un guión del propio Wes Anderson: después de presentar una sesión especial de 'Bottle Rocket' en el Academy Museum de Los Ángeles el lunes pasado, el director se vio atrapado junto a Luke Wilson y el productor James L. Brooks en un ascensor malfuncionante durante aproximadamente media hora.
No fue un momento incómodo de esos que querés que pase rápido. Según se ve en un video publicado en Instagram por una asistente de producción, Anderson incluso conversaba con los bomberos que vinieron al rescate, preguntándole al personal del Los Angeles Fire Department qué creían que había fallado. La respuesta fue pragmática: "Probablemente tenía demasiado peso adentro".
El aniversario que nadie olvidará
El evento en cuestión fue una proyección del 30 aniversario de 'Bottle Rocket', el debut cinematográfico de Anderson que llegó a los cines en 1996. La película catapultó al director hacia la estratosfera del cine independiente y le valió un reconocimiento especial en los MTV Movie Awards de la época. Para la escena de cine, este tipo de retrospectivas son momentos raros: Wes Anderson no suele aparecer en Los Ángeles de manera tan pública y accesible.
La sesión incluyó una rueda de preguntas con Anderson, Wilson y Brooks después de la proyección, donde compartieron historias de esa época fundacional. Pero la verdadera prueba de fuego llegó después: el encuentro en el ascensor fue tan íntimo como involuntario, transformando lo que pudo haber sido un desastre en otra anécdota del que ya es un catálogo interminable de momentos peculiares alrededor de Anderson.
De dónde viene
'Bottle Rocket' fue el puntapié inicial de una carrera que moldeó el cine independiente de las últimas tres décadas. Con Owen Wilson, Luke Wilson y Ned Dowd en el elenco, la película llevaba esa marca distintiva de Anderson: composición simétrica, paleta de colores cuidadosamente calibrada, y una nostalgia melancólica que funciona sin necesidad de explicaciones. Para 1996, todo eso era fresco, extraño, y cautivador.
Luke Wilson fue pieza fundamental en ese primer trabajo. Su presencia, ese carisma tranquilo y ligeramente melancólico, terminó siendo un sello de la colaboración Wilson-Anderson. James L. Brooks, por su parte, es una leyenda detrás de cámaras, productor de algunos de los trabajos más importantes de la televisión y el cine estadounidenses.
Lo que queda en el aire
Hay algo irónico en que el rescate haya sucedido en este preciso momento: Anderson acaba de estrenar 'The Life Aquatic' en retrospectiva, y la próxima semana el Hollywood Bowl alojará tres noches dedicadas a la música de sus películas, con Bill Murray como anfitrión y performances de Mark Mothersbaugh, Beck y Jackson Browne. Si la Academia hubiera tenido un ascensor roto la semana que viene, habría sido un capítulo digno de una película del propio Wes.
Lo cierto es que esta anécdota del ascensor atrapado se sumará al acervo de historias que rodean a Anderson: leyendas de set, momentos surrealistas, reuniones de elenco que se sienten como eventos históricos. Para sus fans, estos encuentros raros son recordatorios de que todavía existe un cineasta que se resiste a la fórmula, que elige sus colaboradores como si armara un cuadro, y que incluso atrapado en un ascensor parece estar en el lugar exacto donde debería estar.



