The National regresa a los escenarios. Después de casi dos años sin tocar en vivo, la banda de Matt Berninger anunció un recital especial para el 18 de octubre en San Sebastián, España, como parte del festival AB100 en el Kursaal Donostia. No será un show tradicional: lo llamaron "The National And Friends", y viene armado con un cartel de invitados que suena a sueño: Kevin Morby, Ben Howard, Jon Hopkins, Mina Tindle, Richard Reed Perry de Arcade Fire, Anaïs Mitchell, y más nombres que van saliendo. Las entradas salen a la venta el 3 de agosto a las 11:30 CET.
Después de dos años de silencio en los escenarios, este anuncio pinta como una movida calculada. No es cualquier comeback: es un festival dentro de un festival, con una alineación que grita "evento cultural" más que "gira de rock". The National nunca fue de regresos simples; cuando vuelven, lo hacen con ceremonias.
Qué pasó en estos dos años (mucho más que nada)
Desde 2024, el frente de la banda estuvo ocupado. Matt Berninger soltó su segundo disco solista, Get Sunk, donde metió un experimento rarísimo: escribir letras sobre pelotas de béisbol. Suena a pavada, pero el tipo en serio cuenta que escribir en una superficie tan chica lo obligaba a penalizar cada palabra, a pensarla dos veces. Es el tipo de detalle que solo hace alguien en "fase de jardinería creativa", como dijeron ellos mismos en 2024 que estaban.
Aaron Dessner, el otro pilar compositivo, vino laburando en producción y arreglos para banda ajena: trabajó con Florence + The Machine, Brandi Carlile, Mumford & Sons y Gracie Abrams, entre otros. Eso significa que la máquina creativa de The National estuvo funcionando en segundo plano todo este tiempo, alimentándose de otros sonidos. Eso siempre redunda en cosas raras y buenas cuando vuelven.
Por qué esto importa más de lo que parece
The National son una banda que escala. Vinieron del indie más tersísimo a ser uno de los actos más grandes del rock norteamericano sin perder un ápice de integridad. Que vuelvan en un festival europeo rodeados de figuras como Arcade Fire y Jon Hopkins no es casualidad: es el tipo de círculo que pisotean cuando quieren hacer algo diferente.
Lo que me intriga es el timing. Dos años sin tocar es tiempo de peso para una banda activa. O estaban esperando algo importante (un disco nuevo, quizás), o necesitaban un break que la industria raramente respeta. Este festival suena como el puente perfecto: vuelven sin presión de "gira mundial", tocan menos tiempo que de costumbre, pero con la suficiente magnitud para recordar que siguen siendo The National. Si en algún momento del 2026 avisan disco nuevo, todo esto cobra sentido.
Para el público europeo que estaba esperando, este octubre es la oportunidad. Para el resto de nosotros (que los vimos en Buenos Aires hace años y que esperamos algún día que vuelvan a sonar tan fuerte por acá), es un reminder de que The National sigue siendo una de esas bandas que cuando se mueve, el mundo del rock pone atención.



