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Zucchero, Bonham y la memoria selectiva del rock: ¿Quién decide quién es leyenda?

Más allá de las fechas, el rock tiene sus olvidados y sus eternos. Una reflexión sobre cómo la historia musical no siempre premia el talento, sino el mito, la tragedia o la narrativa que más "vende".

Zucchero, Bonham y la memoria selectiva del rock: ¿Quién decide quién es leyenda?
Foto: vía Efe Eme

En el vasto universo del rock, hay nombres que resuenan como himnos y otros que, a pesar de su trayectoria, apenas murmuran en la memoria colectiva. Esta reflexión, que bien podría surgir de cualquier efeméride, nos invita a pensar en cómo se construye el panteón de las leyendas. Si nos ponemos a hurgar en los archivos, nos topamos con figuras como Zucchero Fornaciari, el rockero italiano que supo colarse en las radios con su voz rasposa y un blues con acento europeo.

También se recuerda la muerte de John Bonham, el baterista de Led Zeppelin, una de esas figuras que se vuelven leyenda por su talento y, muchas veces, por su temprana partida. Es curioso cómo algunos nombres se graban a fuego en el inconsciente colectivo y otros, con igual o más mérito, quedan relegados a las enciclopedias para fanáticos.

El club de los 27 y la inmortalidad del rock

Bonham es un claro ejemplo: su muerte en 1980, con solo 32 años, lo metió de cabeza en el panteón de los inmortales del rock, junto a otros que se fueron jóvenes y dejaron una obra inconclusa que alimenta el mito. Hablamos de una batería que era un martillo, la base de una de las bandas más pesadas de la historia. ¿Y Zucchero? El tipo sigue girando, metiendo discos y colaborando con gigantes, pero rara vez lo ves en las listas de 'los más grandes'. Su blues con toques pop, aunque pegadizo y con un estilo inconfundible, nunca tuvo ese aura de 'rockstar maldito' que tanto vende.

Para mí, este tipo de contrastes son un termómetro de la memoria colectiva, de qué elegimos recordar y por qué. No es solo una cuestión de talento, que ambos lo tienen de sobra. Es más bien una película donde los personajes trágicos o los que generaron un 'escándalo' acaban siendo los protagonistas. Bonham, con su estilo desatado y su final abrupto, es un ícono. Zucchero, con una carrera más discreta pero igual de sólida, es un "ah, sí, el de 'Senza una donna'". La música, al final, es un negocio y los héroes se construyen con historias, no solo con riffs. Y qué historias más jugosas que las de la autodestrucción y el genio incomprendido.

Cuando la historia la escriben los que gritan más fuerte (y los que se van antes)

Esta "memoria selectiva" no es ajena a nuestra región. Pensemos en la escena local o en el rock rioplatense en general. ¿Cuántos artistas talentosos han tenido carreras sólidas y extensas, pero no alcanzan el mismo nivel de veneración que aquellos cuya historia se vio envuelta en tragedias o que se convirtieron en figuras de culto por su carácter irreverente o su final prematuro? Es un fenómeno que se repite. La narrativa del "genio incomprendido" o del "mártir del rock" muchas veces pesa más que décadas de trabajo constante y discos impecables.

En Paraguay, por ejemplo, tenemos músicos con trayectorias impresionantes, que han influenciado a generaciones, pero quizá no ocupan el mismo espacio en el imaginario popular que alguna figura que, por circunstancias particulares –a veces ajenas a lo puramente musical–, se elevó a un estatus casi mítico. Es una invitación a reflexionar sobre qué valoramos realmente en el arte y cómo las historias personales, la mitología y el marketing terminan moldeando nuestra percepción de la grandeza musical. Porque, al final, ¿quién decide quién es leyenda y quién es solo un buen músico?

Redactada por el sistema editorial de Radio Aparato a partir de fuentes públicas (Efe Eme), con control de calidad automatizado. Los temas sensibles y las notas marcadas para revisión pasan por una persona antes de publicarse. Cómo trabajamos.

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