Tyga lanzó '$tarface' hace poco más de una semana y armó quilombo. No porque el disco fuera malo —aunque Pitchfork le puso un 0/10 que es casi un acto de violencia— sino porque admitió algo que en la industria musical todavía se sussurra en los pasillos: usó IA en la producción. Y cuando lo público, la tormenta no tardó.
Lo primero fue Doja Cat, que en un stream en vivo no se guardó nada. "Tyga es un boludo por hacer un álbum de IA", soltó el miércoles 12 de agosto, sin filtro. Ella había trabajado con él en dos temas antes, así que el comentario llegó con peso de conocido. Después vino Pitchfork con su veredicto demoledor: calificó '$tarface' de "presuntuoso, complaciente y deprimente", y llegó al extremo de escribir que "su mera existencia hizo el mundo un lugar peor". No es una crítica; es una sentencia.
La defensa: "Soy un artista después de 15 años"
Tyga no se quedó callado. En TMZ Live contraatacó a Doja con un movimiento rápido: "Escuchá, amo a Doja, pero ella hizo un álbum demoníaco". La frase tiene su cosa —es vaga a propósito, no especifica cuál— pero cumple su función: metió en la cancha a la acusadora.
Lo que sí dejó claro fue su postura sobre Pitchfork. Ahí sí tiró una línea que merece nota: "No sé realmente qué es Pitchfork. Todo lo que sé es que el diablo usa un pitchfork". Es ingenio defensivo, pero también revela una cierta desconexión con las críticas establecidas.
Sobre el uso de IA, Tyga fue directo. Explicó que él escribió todas las canciones, que solo usó la tecnología para capas específicas —sintetizadores de los '80, solos de guitarra— mientras que las voces, la estructura, todo eso fue humano. Comparó la situación con Auto-Tune: "Cuando salió Auto-Tune, a la gente no le gustaba. Pero los artistas de verdad lo tomaron y lo usaron".
El debate que nadie termina de zanjar
Aquí viene lo interesante. Tyga tiene razón en algo: después de 15 años en el juego, meterse en experimentos sonoros es legítimo. El proyecto bajo el nombre $TARFACE es, según él, un personaje completamente separado, una estética diferente. Eso tiene su lógica.
Pero Doja Cat toca un nervio que está vivo: la diferencia entre usar una herramienta y dejarla que maneje la creatividad. Cuando un rapero dice que escribió todo pero dejó que IA genere partes sustanciales del sonido, hay un gris incómodo. No es fraude, pero tampoco es lo mismo que meterse en un estudio a laburar en directo.
El tema es que esto no se termina acá. Apple Music y Spotify ya están metiendo etiquetas para avisar si un tema tiene IA. La conversación llegó para quedarse.
Para mí, la verdadera cuestión no es si Tyga es un boludo o no. Es si el hip-hop, que nació del hackeo creativo, del reciclaje de vinilos y de la rebeldía, puede digerir una tecnología que, en el mejor de los casos, es cómoda. Tyga dice que después de 15 años se cansó de las cajas. Probablemente es cierto. Lo que no sé es si el resto del mundo estaba listo para escuchar eso.



