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Kiss: El lado romántico que siempre estuvo ahí (y que algunos se niegan a ver)

Detrás de las capas de maquillaje y el fuego escénico, Kiss siempre tuvo un corazón que latía al ritmo de baladas. Un repaso por esos temas que demuestran que el amor, incluso para los rockeros más duros, es un negocio serio.

Kiss: El lado romántico que siempre estuvo ahí (y que algunos se niegan a ver)
Foto: vía Indie Hoy

Hablemos claro: para muchos, Kiss es sinónimo de explosiones, guitarras afiladas y esas lenguas que se niegan a quedarse quietas. Y sí, es parte de su encanto. Pero reducir a Gene Simmons y Paul Stanley a meros showmen sin alma es, además de injusto, una miopía musical imperdonable. La verdad es que, si uno se toma el tiempo de escarbar un poco más allá de los hits obvios, se encuentra con una faceta romántica que, para mi gusto, es tan glamorosa como sus botas de plataforma.

Cuando los demonios también saben de corazones rotos

El cliché del rockero rudo se cae a pedazos. La discografía de Kiss está llena de temas donde el amor no es un mero adorno, sino el protagonista. Desde baladas desgarradoras hasta esos power-pop con un optimismo casi naíf, demuestran que la banda siempre supo moverse en el terreno de las emociones sin perder su esencia.

"Forever" es el ejemplo perfecto de que el pop bien hecho no es pecado. Coescrita por Paul Stanley y, sí, el mismísimo Michael Bolton, esta power ballad no solo los puso de nuevo en el Top 10 de Billboard Hot 100, sino que validó que la sofisticación melódica no estaba reñida con el rock. Es una joya que, sin la parafernalia, sigue sonando impecable.

"Beth" y el golpe de gracia a los escépticos. Cantada por Peter Criss, esta balada orquestal es el mayor éxito comercial de Kiss en EE. UU., llegando al puesto 7 del Billboard. Es un tema vulnerable, íntimo, que te desarma. ¿Quién dice que los rockstars no pueden mostrar su lado más frágil y aun así dominar las listas?

El "Unmasked" nos regaló un Kiss más liviano, pero no menos auténtico. "Tomorrow" es una muestra de ese álbum, un track con tintes de power pop que irradia una energía contagiosa. No fue un hit masivo, es cierto, pero es un recordatorio de que Kiss no tenía miedo de experimentar y mostrar una cara más luminosa.

"Do You Love Me?" cierra el "Destroyer" con una pregunta que aún resuena. Con un estribillo pegadizo y una letra que se cuestiona el amor verdadero frente a la fama, este tema es un clásico de sus conciertos. Porque, al final del día, hasta los más grandes se preguntan si el cariño que reciben es real o solo un reflejo del éxito.

Y después están esas joyas menos obvias, pero igual de poderosas. "Comin' Home", una balada acústica que te transporta a la nostalgia del hogar, o "I Still Love You", que captura el dolor de una separación con una atmósfera oscura y emotiva. Incluso "Every Time I Look at You", otra de Stanley, que destila una madurez lírica que, para mí, eleva el listón de lo que se espera de una balada rock.

En un mundo donde la originalidad a veces brilla por su ausencia, Kiss siempre supo hacer lo que le dio la gana, y hacerlo bien. Ignorar su faceta romántica es perderse una parte crucial de su legado. Para mí, el verdadero lujo es poder disfrutar de un grupo que te vuela la cabeza con un riff demoledor y, al minuto siguiente, te emociona con una balada que te llega al alma. Eso es ser una banda de verdad, sin concesiones ni excusas.

Redactada por el sistema editorial de Radio Aparato a partir de fuentes públicas (Indie Hoy), con control de calidad automatizado. Los temas sensibles y las notas marcadas para revisión pasan por una persona antes de publicarse. Cómo trabajamos.

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