Kiko Dinucci, el agitador de la escena independiente brasileña, acaba de soltar su nuevo álbum, 'Medusa'. Y si esperabas algo convencional, mejor andá buscando otra cosa. Este disco es un mazazo sonoro que, según el propio artista, bucea entre “amor, fantasmas y bichos”. Una declaración de intenciones que ya te avisa que acá no hay lugar para la tibieza.
El tipo agarró la canción romántica brasileña, la metió en una licuadora con guitarras que suenan a My Bloody Valentine, Hüsker Dü y Sonic Youth, y le puso un toque de samba y punk. El resultado es una textura áspera, ruidosa, pero a la vez cargada de una sensibilidad que te pega directo en el pecho. Es el exugaze que él mismo acuña: una bruma de guitarras al estilo Kevin Shields pero aplicada a la esencia de su tierra.
El ruido como bandera y un puñado de cómplices
Seis años después de 'Rastilho' (2020), Dinucci vuelve con 'Medusa' bajo el ala del sello RISCO, y se nota que el tiempo no lo ablandó, sino que lo hizo más audaz. Desde las primeras escuchas, se percibe una búsqueda estética que expande todo lo que venía haciendo. Acá no hay miedo al experimento; al contrario, es la base de todo.
El disco es un desfile de colaboraciones que le suman aún más capas a la propuesta. Sophia Chablau metió mano en la composición de “Água Viva”, mientras que Negro Leo se sumó a Kiko para darle una vuelta de tuerca a “Claudia, Frota e Eu”, una reinterpretación bien antropofágica del “Madonna, Sean and Me” de Sonic Youth. Crystal Duarte, de Vera Fischer Era Clubber, te sumerge en el universo de David Lynch con “Loira Palmer”, un guiño a Twin Peaks que te deja pensando. Y la lista sigue con Maria Beraldo, Romulo Fróes, Gustavo Infante y un equipo de alquimistas sonoros como Cadu Tenório y Paulo Kishimoto, que expanden el universo electrónico del álbum.
Incluso las voces de Juçara Marçal y Paola Ribeiro aparecen con texturas que no esperás, y las guitarras de Lello Bezerra y Guilherme Held le dan ese toque inventivo que completa la obra. Dinucci no es de los que se encierran; sabe rodearse bien y eso se nota en el resultado final.
Un artesano del caos que sigue incomodando
Kiko Dinucci no es un improvisado. Es la mente detrás de proyectos como Metá Metá y Passo Torto, y su firma como guitarrista y productor está en discos fundamentales de la última década. Laburó con la mismísima Elza Soares en 'A Mulher do Fim do Mundo' (2015) y con Jards Macalé en 'Besta Fera' (2018), dos obras que ya son clásicos y que demuestran la amplitud de su visión musical. Su guitarra cortante es un sello distintivo que no pasa desapercibido.
En un panorama musical donde muchos buscan la fórmula fácil, Dinucci sigue apostando por la incomodidad, por el riesgo. 'Medusa' no es un disco para escuchar de fondo mientras lavás los platos. Es un trabajo que exige atención, que te desafía, que te invita a sumergirte en sus profundidades ruidosas y sentimentales. Y eso, para mí, es lo que lo hace valioso. En una época donde todo suena igual, tipos como Kiko Dinucci son un faro, demostrando que la canción brasileña tiene todavía mucho para decir, y mucho para romper.



