Frank Beard tocó durante más de cinco décadas en ZZ Top, y eso no es un detalle menor. El baterista murió el 17 de agosto, a los 77 años, dejando atrás una banda que prácticamente fue su vida completa desde que la armó en los 70 junto a Billy Gibbons y Dusty Hill.
En marzo de 2025, la banda anunció que Beard se bajaba de la gira estadounidense por problemas de salud. No era un secreto que el tiempo estaba cobrando su precio. Pero cuando mirás los números —cinco décadas tocando, decenas de discos, giras continuas— entendés por qué ZZ Top fue lo que fue: consistencia brutal.
Un ritmo que aguantó todo
Beard no era el tipo que se llevaba las luces. Billy Gibbons con su guitarra y su barba legendaria siempre fue la cara. Pero atrás de ese sonido blues-rock pesado, hipnótico y letal de ZZ Top estaba el baterista manteniéndolo todo en pie. Ese groove lento, machacón, casi primitivo que hizo que canciones como "La Grange" o "Tush" se metieran en el oído colectivo no existía sin Beard.
No era un virtuoso de la técnica extravagante. Era un tipo que entendía que el blues necesita feel, no competencia de velocidad. Tocaba lo que la canción pedía, y eso es raro. En una era donde el rock se volvió cada vez más técnico, ZZ Top siguió siendo tosco, directo, efectivo. Beard fue parte fundamental de esa apuesta.
Lo que deja atrás
ZZ Top es una de esas bandas que suena en cualquier lado —bares, películas, videoclips eternos— y la gente no siempre sabe qué está escuchando. Ese peso es difícil de medir, pero está ahí. Una banda que tocó en vivo casi sin parar, que no necesitaba cambiar su fórmula porque la fórmula funcionaba.
Con la muerte de Beard se cierra un capítulo. Ya había pasado con Dusty Hill en 2021. ZZ Top sin sus miembros originales es otra cosa. Gibbons seguirá, seguro. Pero los que crecimos con esa banda, los que entendemos qué carajo significa tocar lo mismo durante cincuenta años y hacerlo contar, sabemos que esto marca algo. El ritmo que sostuvo todo eso se apagó.



