A veces la justicia tarda, pero a veces también llega cuando ya es demasiado tarde. FKA Twigs acaba de ganar la primera etapa de su batalla legal contra la banda indie The Twigs, un pleito que arrastra más de diez años de rencillas entre dos artistas que comparten un nombre casi idéntico pero habitan universos musicales completamente distintos.
Todo comenzó en 2014 cuando The Twigs, un dúo de hermanas de Los Ángeles, demandó a Tahliah Barnett —el verdadero nombre de FKA Twigs— por usar un nombre que ellas habían registrado desde 1996. Perdieron ese primer round y archivaron el caso. Pero en 2024 reabrieron fuego: le mandaron una carta de cese y desista exigiendo que abandonara el nombre artístico bajo el que ya había construido una carrera como cantante, actriz y bailarina.
Barnett no se quedó quieta. Presentó su propia demanda acusando a The Twigs de intentar "weaponizar" reclamos infundados para extorsionarle dinero. La banda respondió con una contrademanda alegando que la artista usaba su fama y recursos para "destruir" su marca.
Una década en suspenso
El martes 18 de agosto, el juez federal Jed S. Rakoff dictaminó que los reclamos de The Twigs llegaban demasiado tarde. Invocó la doctrina legal de "laches", que básicamente dice: si sabías que algo estaba pasando desde 2013 y no hiciste nada hasta 2024, perdiste tu oportunidad. El magistrado apuntó que las hermanas Good fueron conscientes de la supuesta infracción desde que intercambiaron emails con Barnett hace más de una década. Pasan diez años sin accionar, y ahora aparecen con un reclamo. Eso no funciona así en los juzgados.
El contraste es brutal. FKA Twigs tiene 3,2 millones de oyentes mensuales en Spotify y más de 300 millones de visualizaciones en YouTube, mientras que The Twigs suma 705 seguidores en Instagram y 25 oyentes mensuales. No es que sean del mismo ecosistema: operan en galaxias distintas. El equipo legal de Barnett incluso argumentó que es "inconcebible" que alguien confunda a una estrella internacional con una banda que prácticamente desapareció del mapa.
La guerra aún no termina
Aunque Barnett ganó esta ronda sobre la cuestión del trademark, la batalla no está cerrada. Todavía falta que el tribunal resuelva los cargos que ella presentó: que The Twigs la presionó para cambiar de nombre y le exigió un pago de siete cifras. Según documentos judiciales de mayo, ella les ofreció 15 mil dólares para que sus proyectos musicales coexistieran, y ellas rechazaron el trato.
Mientras esto se definía, Barnett siguió adelante con su música. El año pasado soltó 'EUSEXUA', un disco que recibió cinco estrellas de NME, y después llegó 'EUSEXUA Afterglow' con cuatro. Es el tipo de artista que no se detiene mientras lidia con los trámites legales.
Para mí, lo que más pesa acá es la absoluta desproporción de poder. No es una pelea entre dos bandas en igualdad de circunstancias; es una artista establecida a nivel global defendiéndose de reclamos dormidos durante una década. El fallo del juez Rakoff no fue solo una victoria legal: fue un recordatorio de que si vas a pelear, tienes que hacerlo cuando todavía hay algo en juego, no diez años después.



