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El caso D4vd: cuando la música se oscurece en la sala de justicia

Un cantante de 21 años enfrenta cargos por el asesinato de una menor de 14 años. La corte de Los Ángeles vio imágenes que la familia describe como irreversibles.

El caso D4vd: cuando la música se oscurece en la sala de justicia
Foto: vía NME Music News

Este martes 21 de julio, en una corte de Los Ángeles, se expusieron fotografías de los restos de Celeste Rivas Hernandez, una adolescente de 14 años cuyo cuerpo fue encontrado descompuesto en el maletero de un Tesla. El acusado es D4vd, nombre artístico de David Anthony Burke, de 21 años, quien enfrenta cargos de asesinato y abuso sexual. La noticia llegó a la sala de justicia dos días atrás, pero el impacto sigue resonando porque marca un punto de quiebre incómodo: la música y la criminología, dos mundos que raramente se cruzan así de brutalmente.

Burke fue acusado formalmente en abril de este año. Según los fiscales, compró en línea herramientas específicas —bolsas para cadáveres, motosierras, una piscina inflable— en los días posteriores al crimen. Lo que la corte presenció el martes fueron imágenes que el abogado de la familia, Patrick Steinfeld, describió como "absolutamente deplorables": los restos de Celeste eran tan severos que ni los fiscales podían identificar visualmente si estaban viendo su cabeza o su torso.

El acusado se ha declarado inocente de los cargos. En un video de bodycam mostrado en la audiencia, Burke afirma que no sabía que Hernandez era menor de edad, que ella le dijo que tenía 18 años y que solo se vieron una vez en persona. La fiscalía sostiene otro relato: años de abuso sexual previo, y que Burke mató a la adolescente porque ella amenazaba con revelar la relación y arruinar su carrera musical.

Lo que no se puede desver

La audiencia preliminar del martes no es el juicio en sí, sino el paso donde los fiscales presentan evidencia para convencer al juez de que hay suficientes pruebas para proceder a un juicio formal. Lo que pasó en esa sala fue devastador para la familia de Celeste. Su madre decidió quedarse en la sala pese a que su abogado la advirtió que esas imágenes nunca podrían ser "invisualizadas".

Los padres estaban presentes mientras un detective de homicidios testificaba sobre las compras en línea: bolsas de cadáveres, motosierras, una piscina. Luego llegaron las fotos. Un torso. Una cabeza descompuesta. Un bolso negro con extremidades. La madre de Celeste eligió permanecer sentada, eligió mirar, eligió estar ahí para su hija aunque el costo de eso sea traumático.

Burke estuvo presente con grilletes en muñecas y tobillos, vistiendo ropa naranja de cárcel. La fiscalía presenta un relato claro: abuso sexual prolongado, asesinato planificado con compras específicas, ocultamiento sistemático del cuerpo, e incluso tatuajes —el de Burke dice "Celeste" en tinta roja en su dedo anular—.

De dónde viene

D4vd era un artista relativamente desconocido, sin la exposición masiva de otras figuras del pop o el hip-hop contemporáneo. La gravedad de los cargos y la naturaleza de la evidencia lo han puesto en el ojo público, pero no por sus discos. Esta es la clase de historia que borra la música, que la vuelve irrelevante. No hay carrera que sobreviva a esto, no hay fan que pueda abstraerse del crimen para disfrutar una canción. Es un quiebre absoluto.

Lo incómodo es que esta no es una noticia aislada. El acceso en línea a herramientas, la explotación sexual de menores, los casos de abuso que se documentan y se ocultan dentro de comunidades artísticas: todo eso sigue siendo estructura, sigue siendo realidad. D4vd es un nombre en una columna de justicia. Pero es un recordatorio de que el rock, el pop, la música en general, no están blindados contra lo peor de la gente.

La audiencia preliminar continúa. El relato de Celeste Rivas Hernandez ya no puede venir de ella misma. Viene de fotos que nadie debería ver, de un torso irreconocible, de una familia que eligió mirar lo incomparable.

Redactada por el sistema editorial de Radio Aparato a partir de fuentes públicas (NME Music News), con control de calidad automatizado. Los temas sensibles y las notas marcadas para revisión pasan por una persona antes de publicarse. Cómo trabajamos.

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