Brandon Flowers, el líder de The Killers, armó revuelo el pasado 11 de septiembre en un concierto en Salt Lake City, Utah. La noticia no fue el setlist o la potencia de su banda, sino que invitó a su hijo Henry al escenario para versionar un himno: 'Don't Look Back in Anger' de Oasis.
El pibe, con una guitarra acústica, acompañó a su padre en un momento que rápidamente se viralizó. La movida, claro, generó de todo: desde la ternura de ver a un padre y un hijo compartiendo escenario, hasta el rictus de los puristas que ven en estas cosas un exceso de 'show familiar'.
Un setlist entre lo nuevo y los clásicos
El concierto de Flowers en el Red Butte Garden fue parte de su gira 'THRASHER Tour', presentando su nuevo disco de corte country & western. El set incluyó ocho temas de este trabajo, como 'Plans' y 'Paradise', mezclados con éxitos de sus discos solistas anteriores, Flamingo y The Desired Effect.
Y sí, no faltaron los infaltables de The Killers: 'Mr. Brightside' y 'In the Car Outside' levantaron a la gente, aunque para mí, la verdadera chispa estuvo en esos temas más crudos de su último material, que es donde se siente que Flowers está buscando algo distinto.
El dilema de la versión: ¿homenaje o cálculo?
Ver al Flowers, un tipo que siempre tuvo una imagen calculada, subir a su hijo para tocar un tema de Oasis, me deja un sabor agridulce. Por un lado, es innegable el poder de 'Don't Look Back in Anger'; un temazo que cualquier rockero respeta. Por otro, ¿qué buscaba con esto? ¿Un momento emotivo o sumar unos puntos de viralidad fácil? El rock en vivo se trata de sudor, de energía, de verdad, no de postales familiares para Instagram.
La gira de Flowers sigue hasta finales de octubre, y supongo que habrá más momentos como este. Pero, para mí, el verdadero artista se juega en la propuesta, en la música nueva que trae, no en revivir glorias ajenas, por más que las comparta con el pibe. A veces, menos circo y más rock es lo que se necesita.



