Hay algo que el reggae brasileño hace diferente: en lugar de quedarse en lo romántico o lo festivo, lo mezcla con la calle. Y Boby CH lo sabe bien. Su disco Estiga Perifa no es solo una compilación de canciones; es un mapa sonoro de Maceió, marcado por barrios como Chã da Jaqueira y Jacintinho, donde el reggae no es género sino forma de vida.
Desde los años 70, cuando empezó a sonar en discotecas como Baila Conmigo, el reggae echó raíces en las periferias alagoanas de un modo distinto al de San Luis de Maranhão. Aquí no se trata solo de heredar el ritmo: se trata de reinventarlo. Los melôs —esas versiones melódicas y románticas de canciones conocidas— se convirtieron en el sello local, la firma de una escena que creció en cassetes de DVD distribuidos mano a mano por DJs como Boca y Thuppa.
¿Qué pasa cuando las discotecas desaparecen pero el ritmo persiste?
Boby mismo lo dice: "Mi música tiene mucha influencia de esas discotecas, pero hoy en día la mayoría de esos lugares ya no existen". La nostalgia aquí no es cursi; es política. Estiga Perifa abre con "Introdosom", un llamado a danzar como en los viejos bailes, pero en un contexto donde esos espacios se evaporan. El disco documenta una memoria que podría perderse.
Lo curioso es que la fuente del reggae alagoano viene de una generación de bandas —Mensageiros de Jah, Vibraciones, Airê Vibration— que no solo tocaban música, sino que moldeaban un estilo de vida: ropa, peinados, actitud. Eso que pasaba en las discotecas terminaba siendo el código de las barriadas.
¿Dónde está la rabia, dónde está la denuncia?
Lo que me interesa de este disco es que no huye de la realidad. Canciones como "No Gueto é Sem Massagem" demuestran que Boby comprende que el reggae, en Brasil, siempre fue más que diversión: fue arma de crítica social. Bandas como Vibrações y Tequilla Bomb ya lo sabían. La periferia no canta solo para sentirse bien; canta para que se escuche lo que la sociedad ignora.
Estiga Perifa está ahí para recordar eso: que el reggae alagoano, con su lenguaje callejero ("champra", "rafamé", "chama na chincha"), no es folclore. Es resistencia que baila.



