Hay bandas que duran una canción y desaparecen. Hay otras que se pasan treinta años haciendo lo mismo. American Football eligió un camino más raro: reunirse después de quince años de silencio, grabar un disco que nadie esperaba, disolverse otra vez, y luego —en 2016— volver para quedarse de verdad. Ahora, en 2026, ese viaje de reinvención llega a Argentina el 2 de diciembre en C Art Media, con el cuarto álbum de estudio recién salido del horno.
El grupo nació en 1999 con un disco homónimo que hizo algo que sonaba imposible: mezclar emo y post-rock sin que ninguno de los dos géneros se tragara al otro. Spiderland de Slint y The White Birch de Codeine fueron los mapas; American Football fue el viaje. Después la banda se disolvió, como pasaba entonces —la industria no sabía qué hacer con eso. Cuando volvieron en 2016 como cuarteto (Mike Kinsella, Steve Holmes, Steve Lamos y Nate Kinsella), grabaron LP2 con una claridad que el debut no tenía. Pero seguían buscando.
De Nebraska al jazz: cómo American Football dejó de tener miedo a cambiar
LP3 llegó grabado en el mismo estudio que LP2, Arc Studios en Omaha, Nebraska, con el productor Jason Cupp. Pero ahí cambió todo: la banda soltó las riendas y dejó que las canciones respiraran como quisieran. Hayley Williams de Paramore y Elizabeth Powell de Land of Talk pasaron por el disco. El resultado fue un trabajo que poco tenía que ver con el emo de 1999 —más cerca del post-rock enrarecido, menos de la angustia adolescente.
Este año llegó LP4, y aquí es donde la banda finalmente se permitió decir lo que llevaba pidiéndole al oído desde 2016. Post-hardcore, math rock, jazz, shoegaze: todo convive sin culpa. Brendan Yates de Turnstile, Wisp y Caithlin De Marrais pasaron por el proyecto. El disco suena a una banda que ya no le tiene pánico a sonar raro, y eso, para mí, es precisamente lo que hace que American Football sea interesante ahora.
Una banda que merece la pena escuchar sin esperas
Lo que me atrae de American Football no es que sean mejores que hace veinte años —es que no tienen miedo de no saber qué tocar mañana. La mayoría de las bandas de su generación ya cemento su sonido y lo repiten hasta que alguien las entierra. Estos tipos grabaron con los mismos técnicos en el mismo lugar, y cada vez que entraban al estudio salía algo distinto. Eso es riesgo real, no marketing.
Las entradas para el show de diciembre ya circulan por Passline. Si sos de los que todavía cree que el emo muere en 2005 y el post-rock es cosa del pasado, este disco va a probar que te equivocás. Y si ya los conocés, sabés que después de veinticinco años de idas y vueltas, American Football por fin parece tener claro a dónde van.



