Hoy es el cumpleaños de Mick Jagger. No es cualquier fecha en el calendario rockero: es el día en que nació quien posiblemente inventó la forma en que un cantante debe pararse en un escenario. Ese rollo, esa presencia, esa manera de convertir el micrófono en un arma de seducción masiva. Los Rolling Stones nunca hubieran sido lo mismo sin ese cuerpo inquieto que sigue deslumbrando décadas después.
Pero Jagger no está solo en esta efemérides. La música popular nació de cruces raros, de voces que vinieron de lugares inesperados y dejaron grietas por donde se coló la modernidad.
Una efemérides que une mundos
Roger Taylor, el baterista de Queen, también comparte fecha. Ese tipo que marcó el ritmo en «Bohemian Rhapsody» y tantas otras joyas, sabía que el rock podía ser orquesta también. Luego está Flavio Cianciarulo, que con Los Fabulosos Cadillacs llevó el ska y la energía barrial porteña a latitudes que jamás imaginó. Ese fue un rock diferente, más sucio, más de calle.
Mary Wells fue la voz que le puso soul y vulnerabilidad al Motown cuando eso apenas se imaginaba. Joe Arroyo, por su parte, fue el tipo que fusionó cumbia, salsa y ritmos caribeños en una sola vena pulsante. Y J.J. Cale, el compositor norteamericano que influenció a Clapton y a media industria del rock, siempre trabajó desde las sombras, sin necesidad de ser la estrella.
El hilo que los une
Lo que une a todos estos nombres es la obsesión por encontrar sonidos nuevos donde otros solo veían lo establecido. Jagger con su movimiento corporal redefinió qué era ser un frontman. Los demás, cada uno a su manera, quebraron reglas que ni sabían que existían.
Hoy, a los 83 años, Jagger sigue siendo noticia. Porque ese tipo no envejece como los mortales: simplemente sigue reinventándose. Eso es lo que pasa cuando construís tu carrera sobre la idea de que el rock and roll no es un género de museo, sino una actitud que debe mutar permanentemente.
Estos nombres nos recuerdan que la música popular nunca fue un río tranquilo. Fue siempre un choque de corrientes: el blues negro yanqui con el rhythm and blues, el ska inglés infiltrado en Buenos Aires, la cumbia caribeña con influencias africanas. Cada uno de estos músicos vio dónde pegaba el rayo y construyó su propia tormenta. Eso es lo que hace que sus cumpleaños valga la pena recordar.



